
· David Van den Brink
Terapia Breve Estratégica: resolver el problema, no explicarlo
«¿Y esto no viene de mi infancia?» Es la pregunta que más me hacen en la primera sesión. La respuesta incomoda un poco: puede que sí, pero da igual.
Y aplicada a lo que más se consulta: terapia para ataques de pánico. La primera orientación es gratuita y dura 30 minutos.
Imagina que llegas a casa y hay una gotera en el techo del salón. Empieza a caer agua sobre el sofá.
¿Qué haces primero? ¿Buscas los planos del edificio para entender cómo se construyó, en qué año se instalaron las tuberías y quién fue el arquitecto que decidió pasarlas por ahí? ¿O cierras la llave de paso?
Con esa imagen tan tonta se entiende bastante bien de qué va la Terapia Breve Estratégica. Y también por qué a mucha gente le sorprende cuando llega a mi consulta.
"¿Y esto no viene de mi infancia?"
Es, con diferencia, la pregunta que más escucho en la primera sesión. Y mi respuesta suele descolocar un poco: puede que sí. Y, para lo que hemos venido a hacer, da igual.
No lo digo por frivolidad. Lo digo porque hay una diferencia enorme entre cómo empezó un problema y qué lo mantiene vivo hoy. Son dos preguntas distintas, y solo una de las dos tiene una respuesta que puedas usar.
El origen ya pasó y no se puede cambiar. Lo que haces esta semana, sí.
Y aquí está el hallazgo que sostiene todo este enfoque, y que cuesta creer hasta que lo ves en ti mismo: un problema no se mantiene por su origen, sino por su solución.
La solución es el problema
Suena a juego de palabras. No lo es.
Cuando algo te pasa, tú haces cosas para arreglarlo. Es lo normal, es lo sano, es lo que haría cualquiera. El problema aparece cuando esas cosas no funcionan y tú, precisamente porque no funcionan, las haces más.
Tienes miedo a un sitio y lo evitas. La evitación te alivia, así que evitas más. Y cuanto más evitas, más grande se hace el miedo, así que necesitas evitar todavía más.
Te preocupa tu salud y te miras. Mirarte te tranquiliza un rato, así que te miras más. Y cuanto más te miras, más cosas raras encuentras, así que necesitas mirarte todavía más.
Duermes mal y te esfuerzas en dormir. Cuanto más te esfuerzas, más despierto estás, así que te esfuerzas más.
En los tres casos ocurre lo mismo: lo que te alivia hoy es exactamente lo que te hunde mañana. A esto lo llamamos soluciones intentadas, y son el verdadero objeto de trabajo. No el trauma, no la infancia, no tu carácter: la maniobra que repites.
Si lo que haces no funciona, hacerlo más veces no lo va a arreglar.
Entonces, ¿qué hacemos en sesión?
Lo primero es entender cómo funciona tu problema, no de dónde viene. Te voy a preguntar cosas muy concretas: qué haces cuando aparece, qué haces para que no aparezca, quién te ayuda y cómo, qué te alivia, qué evitas. Con eso dibujamos el círculo en el que estás metido.
Y después no te pido que te esfuerces más. Te pido que hagas algo distinto.
Ahí es donde entran las prescripciones: tareas concretas, a menudo pequeñas y casi siempre sorprendentes, pensadas para tu caso en particular, que rompen el círculo desde dentro. A veces son contraintuitivas, y hay quien sale de la primera sesión con cara de "¿en serio me está pidiendo esto?". Precisamente por eso funcionan: si lo intuitivo hubiera servido, no estarías aquí.
No hay arengas de "tú puedes", ni fuerza de voluntad, ni positividad. Se cambia la maniobra, no la voluntad.
¿Cuántas sesiones? Y la pregunta de verdad, que es otra
Habitualmente, entre 7 y 20 sesiones. Es una terapia orientada a resultados, y eso significa que si en unas pocas sesiones no notas movimiento, algo estamos haciendo mal y hay que replantearlo. No es una relación que se alarga indefinidamente.
Pero cuidado con el nombre, porque induce a error. La terapia breve no es terapia rápida: es terapia sin rodeos. No vamos más deprisa, vamos más directos. No es una carrera; es dejar de dar vueltas.
Y ojo, tampoco es magia. Vas a tener que hacer cosas incómodas. Lo que no vas a tener que hacer es pasarte tres años contándome tu vida antes de que empiece a pasar algo.
Para qué sirve, y para qué no
Funciona especialmente bien con problemas que están atrapados en un círculo: ansiedad, ataques de pánico, fobias, obsesiones y rituales, hipocondría, bloqueos, dificultades de pareja, problemas de autoestima.
Y quiero ser honesto también con lo que no es. No es un método universal ni resuelve todo. Hay situaciones que requieren otro tipo de acompañamiento, más largo o combinado con tratamiento médico, y en una primera valoración se ve enseguida. Si tu caso no encaja, prefiero decírtelo y orientarte bien, antes que empezar un proceso que no te va a servir.
Prometer que todo se arregla en siete sesiones sería venderte humo, y en salud mental el humo se paga caro.
La buena noticia escondida
Si has llegado hasta aquí, quédate con esto.
Que tu problema se mantenga por lo que haces no es una acusación. Es la mejor noticia que te van a dar. Significa que la palanca no está en tu pasado, ni en tus padres, ni en tu carácter. Está en algo que ocurre esta semana, y sobre lo que puedes actuar.
No hace falta saber quién encendió el fuego para poder apagarlo.
¿Hablamos?
Si llevas tiempo dándole vueltas a lo mismo y notas que, hagas lo que hagas, siempre acabas en el mismo punto, podemos verlo juntos. Ofrezco una orientación gratuita de 30 minutos, sin ningún compromiso, para entender cómo funciona tu problema y valorar si este enfoque puede ayudarte.
Atiendo online y presencialmente en Barcelona, en español, catalán, inglés y neerlandés.
Este artículo tiene una finalidad divulgativa y no sustituye una valoración profesional individualizada. Si estás pasando por un momento difícil, consulta con un profesional de la salud mental colegiado.
David Van den Brink Rodríguez · Psicólogo General Sanitario · Col. 36262 (COPC) · Formado en el Centro di Terapia Strategica de Arezzo
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