
· David Van den Brink
La ansiedad: cuándo deja de protegerte y empieza a limitarte
La ansiedad no es tu enemiga: es el sistema que te ha mantenido vivo durante miles de años. El problema empieza cuando se queda vigilando en un mundo donde ya no hay nada que vigilar.
Si esto que estás leyendo te suena demasiado, terapia para la ansiedad. La primera orientación es gratuita y dura 30 minutos.
Te despiertas veinte minutos antes de que suene el despertador. No por descansado: por alerta. Y antes de que hayas puesto un pie fuera de la cama, tu cabeza ya ha repasado la reunión de las once, la llamada que no hiciste ayer y esa frase que te dijeron el jueves y que sigues sin saber cómo interpretar.
Aún no ha pasado nada. El día ni siquiera ha empezado. Y ya estás cansado.
Si esto te suena, quédate. Vamos a hablar de por qué tu cabeza hace eso, y sobre todo de por qué no lo hace en tu contra.
La ansiedad no está estropeada
Existe una idea muy extendida, y muy dañina, de que la ansiedad es un fallo. Algo que se ha roto ahí dentro y que hay que reparar o extirpar.
No lo es. La ansiedad es el sistema que te ha mantenido vivo.
Piensa en para qué sirve. Detecta una amenaza posible, te pone en tensión, agudiza tus sentidos y te prepara para actuar antes de que el peligro llegue. A tus antepasados eso les salvaba la vida: el que oía un ruido en la maleza y se ponía en guardia sobrevivía; el que se quedaba tan tranquilo, no. Anticiparse era una ventaja evolutiva.
Y sigue siéndolo, no te confundas. Es la ansiedad la que te hace preparar la presentación, mirar antes de cruzar y llamar al médico cuando algo no va bien. Un mundo sin ansiedad no sería un mundo tranquilo: sería un mundo temerario.
La ansiedad no es una avería: es un guardián. El problema es que no sabe fichar a la salida.
Dónde está entonces la línea
La línea no la marca la intensidad. La marca la función.
La ansiedad funcional te empuja a hacer algo: preparas, resuelves, actúas, y cuando el asunto se cierra, ella se apaga. Ha cumplido y se retira.
La ansiedad problemática ya no te empuja a nada. Te deja dando vueltas. Rumias, previenes, ensayas conversaciones que no vas a tener, imaginas escenarios que no van a pasar. Y cuando el asunto se cierra, ella no se apaga: busca el siguiente.
Ahí es donde el guardián deja de proteger la casa y empieza a impedirte vivir en ella.
Y fíjate en el detalle importante: eso no ocurre porque tengas más ansiedad de la cuenta. Ocurre por lo que haces con ella.
Las cuatro cosas que haces para calmarte (y que la alimentan)
Cuando alguien llega a mi consulta con ansiedad, casi nunca me trae un problema. Me trae un conjunto de soluciones que no funcionan. Y son cuatro, casi siempre las mismas.
Preocuparte por adelantado. Le das vueltas a lo que puede salir mal, convencido de que así estarás preparado. Pero anticipar un mal trago no te ahorra el mal trago: te lo hace vivir dos veces, una en tu cabeza y otra en la realidad. Y la versión de tu cabeza siempre es peor, porque en ella nunca tienes recursos, nunca reaccionas bien y nunca sale nada medio decente. Anticipar no evita el golpe: solo lo multiplica por los días que faltan.
Buscar que te tranquilicen. Le preguntas a tu pareja si crees que dijiste algo raro. Se lo preguntas a tu amiga. Lo buscas en internet. Y funciona: te quedas tranquilo. Durante unas horas. Después la duda vuelve, y vuelve con más fuerza, porque tu cabeza ha aprendido que la calma viene de fuera y que tú solo no puedes producirla. Pedir que te tranquilicen es como rascarse: alivia un segundo y agranda la herida.
Vigilarte. Te mides el pulso, te escaneas el cuerpo, te preguntas si estás nervioso. Y aquí ocurre algo tramposo: lo que se vigila, crece. Cualquier sensación que examines con lupa se hace enorme. Prueba a fijarte ahora mismo en tu respiración y verás cómo, de pronto, respirar deja de ser automático y se vuelve raro. Eso mismo haces con tu ansiedad, todos los días.
Evitar. Cancelas el plan. Aplazas la llamada. No te apuntas. Y sientes un alivio inmediato, auténtico, que no te voy a discutir. Pero cada evitación le manda a tu cerebro un mensaje que tú no firmaste: "has hecho bien en escapar, porque no habrías podido". Y el terreno prohibido crece un poco más.
Las cuatro tienen algo en común: parecen sentido común y son gasolina. Por eso la ansiedad es tan desesperante. No es que no estés haciendo nada. Es que llevas años haciendo, con enorme esfuerzo, exactamente lo que la mantiene viva.
"Es que yo soy así, siempre he sido nervioso"
Esta frase la escucho mucho, y quiero desmontarla, porque hace más daño que la propia ansiedad.
Que tengas un temperamento más reactivo es posible, y no es culpa tuya ni se elige. Pero una cosa es tu carácter y otra muy distinta es el círculo en el que estás metido. El carácter explica por qué te subiste al coche. No explica por qué llevas cinco años dando vueltas a la misma rotonda.
Y esa distinción importa mucho, porque de ella depende si tu problema tiene salida o no. Si el problema fueras tú, no habría nada que hacer. Si el problema es la maniobra, se cambia la maniobra.
Qué hacemos en terapia
Desde la Terapia Breve Estratégica no dedicamos meses a buscar en tu infancia el origen de tu ansiedad. Trabajamos sobre lo que la mantiene viva hoy: esas cuatro soluciones intentadas que, con la mejor de las intenciones, la están alimentando.
El trabajo no consiste en que te esfuerces más ni en que te convenzas de que no hay peligro. Consiste en cambiar lo que haces, con prescripciones concretas y graduales, a menudo aparentemente pequeñas, que rompen el círculo desde dentro. Suele ser un proceso breve, habitualmente entre 7 y 20 sesiones, porque no busca reconstruirte entero, sino desbloquear el punto exacto donde estás atascado.
Y el objetivo no es que dejes de sentir ansiedad. Eso sería quitarte el guardián, y el guardián lo necesitas. El objetivo es que vuelva a trabajar para ti en lugar de contra ti.
Porque al final, todo se reduce a esto: no se trata de apagar la alarma, sino de dejar de discutir con ella. El día que dejas de pelearte con tu ansiedad, descubres que sin adversario no sabe qué hacer.
¿Hablamos?
Si llevas tiempo peleando con tu ansiedad y notas que cuanto más peleas, más terreno pierdes, podemos verlo juntos. Ofrezco una orientación gratuita de 30 minutos, sin ningún compromiso, para entender qué te está pasando y valorar si puedo ayudarte.
Atiendo online y presencialmente en Barcelona, en español, catalán, inglés y neerlandés.
Este artículo tiene una finalidad divulgativa y no sustituye una valoración profesional individualizada. Si estás pasando por un momento difícil, consulta con un profesional de la salud mental colegiado.
David Van den Brink Rodríguez · Psicólogo General Sanitario · Col. 36262 (COPC)
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